escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | un espacio pensado para que escritorxs y artistas compartan y difundan su trabajo | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios
por Enrique Decarli



El primer libro de Julieta Dal Verme, publicado este año por Editorial Santos Locos es, ante todo, un libro honesto. No sé muy bien qué quiero significar al escribirlo, salvo que fue ésa la primera impresión, intransferible, que definí al terminar de leerlo, un rato antes de la presentación, a la que no fui. Entonces me di cuenta: de cada uno de sus poemas algo me había traído. Algo se había quedado conmigo; se había filtrado, para siempre (meses después lo confirmo), hacia este lado del mundo: los chicos que juegan en la calle y parecen reales. El paso del tren que, a la vez, te lleva dentro. Las ganas de empezar el gimnasio, de dejar de fumar. Algo chiquito, incondicional, como un buen amigo.

En los poemas de Geometrías incompletas lo viscoso y asimétrico no se ve. Está oculto en la médula poética y por razones desconocidas no queremos que las cosas pasen. No queremos que el libro termine. Que se detenga y se quede con nosotros, un rato más, hasta que alguien nos conteste, qué hay detrás de las puertas que no podemos abrir.

Igual que cualquier hijo de vecino, algunos actos consumados al boleo por personas lejanas, me ubican hoy en este cuerpo. Pero en mis años de estudiante de conservatorio, sentado al piano, solía visitar la idea de que enfrente mío, disimulada bajo teclas blancas y negras, estaba aletargada toda la música que alguna vez sería. A ese pensamiento volví con el poema “A tientas”. 

Hay algo que me gusta de la poesía de Julieta. Hace blanco en lo incompleto. Lo aparentemente inanimado, desconocido o impreciso de cualquier punto en una ventana. Esta mirada trascendente no excluye, por supuesto, cualquier contexto cotidiano; es más, se mixturan en belleza las plantas de casa, un campamento de niños, la mejor tarde de sol a orillas del río, las mascotas, y nótese el detalle: hasta en el ejercicio ritual de sacarse una prenda de vestir (no voy a decir cuál) Julieta encuentra poesía.    

El poema "Dudas" no se puede explicar. No se puede contar ni resumir. Hay que leerlo, de principio a fin. Darle tiempo a que geste la incomodidad que evoca, el veneno que cancelará el ritmo en el punto medio, exacto, de donde nos encuentre.

Geometrías incompletas es un libro precioso que encierra poemas desconocidos. Cosas que sabíamos de chicos y ya no sabemos. Cosas que solo saben, nuestros amigos poetas. 


Rafael Calzada,
25 de octubre de 2017.
0 comentarios



ESPECIERO

Las plantas medicinales en las que confiamos serán reemplazadas
ni melisa manzanilla o cedrón
quedan fuera para cuando el agua hierva y el cuerpo se estabilice
Dentro queremos plantar las semillas que nos prohibieron
de alguna forma dejar que un valle dé sus primeras flores este invierno
aprovechar las texturas de tu blusa cuando se desabotona
aunque te diga que no dejo los lugares como libros sobre el velador
Me senté a ver las montañas hasta aprender el sonido de los pájaros
El tiempo es el único mapa en el cual no podemos poner pie atrás
A baja luz pienso en las cosas que me fuiste nombrando
o en las manchas de pintura que crean animales en la pared
Como dijiste es mejor que no nos preguntemos tanto
Para dormir tenemos todo el cansancio que nos suma la ansiedad
así que deja que recoja estos platos por ti
esto no es una bolsa de hierbas que se hunda hasta calmarnos.

PEQUEÑAS AMPOLLETAS DE COLORES

Hasta que encontramos una voz para decir lo que falta
la palabra es un ticket de ida y vuelta
Es a la máquina a lo que realmente tememos
En Quintay había un puerto ballenero
y las montañas se deshacían cada verano
Tú habrás pensado en cómo silba el viento en los pinares
la tierra sacudida a contrapelo hasta su desgaste
En Quintay una vez entré a una habitación con luces y espejos
que imitaban el cielo donde nací
la pureza de esa imagen no la encuentro en este punto
Nada es posible de ser asegurado en torno a las corrientes que nos envuelven
Bajo el océano se escucha avanzar el canto de las ballenas.

DIMINUTA ESCALA 1:1

Difícil dormir sin esa forma que me dejaste
esa pesca furtiva que hacemos al despertar de improviso
parpadeando como las luces de un árbol de pascua
o es un bosque de linternas en medio del mar
La vi una vez atravesando la línea del ecuador
el barco nos arrastraba a espaldas del viento
tal vez ambos tengamos un amigo dentro nuestro que guarde esos recuerdos
El mío es un niño tímido que juega solo en un jardín
araña la tierra para crear un río falso y siembra cebollas en miniatura
para alimentar a sus soldados
la campaña fue dura y las ramitas de peumo apenas dieron contra la lluvia
el general ha preferido detener todo movimiento
hacer una vida civil en la selva
ese niño los observa deambular con sus capas de agua
escribir cartas frenéticas a sus novias de baúl
Pero cuando esos botes y sus linternas nos rodeaban y las olas los
iban encaramando el mundo se volvió una realidad más vasta y submarina
como cuando ambos soñamos con el otro y nos contamos esas vidas
        en la que nuestros cuerpos están vestidos.


De Litoral Central (Audisea, Buenos Aires, 2017)



[Sobre el autor]

Diego Alfaro Palma (Limache, Chile, 1984) publicó los libros de poemas “Litoral Central” (Audisea, 2017), “Tordo” (Ediciones del Dock, 2016 | Editorial Cuneta, 2014) y “Paseantes” (Ed. Temple, 2009), la plaquett “Los sueños de los sueños de Kurosawa” (Cuadro de Tiza, 2017) y el libro-objeto “Bolsas” (Hojas Rudas, 2017). También realizó la antología de la “Poesía reunida de Cecilia Casanova” (Ed. Universidad de Valparaíso, 2014) y reeditó la “Antología de Ezra Pound en Chile” (Universitaria, 2011). Tradujo “El pensamiento zorro”, prosa de Ted Hughes (Limache250, 2013). Sus ensayos han aparecido en “El horroroso Chile. Ensayos sobre las tensiones políticas en la obra de Enrique Lihn” (Alquimia, 2014) y en revistas de Chile y el extranjero. Su libro “Tordo” recibió el Premio Municipal de Santiago en 2015 y está siendo traducido al inglés por el poeta norteamericano Lucian Mattison.
0 comentarios
A través de una plataforma que comercializa todos los sellos independientes argentinos, Nube de Letras es un proyecto que busca acercar el trabajo de las editoriales que surgieron en los últimos años y abrieron el campo literario. En esa dirección, esta web ayudará a acercar los libros con sus lectores.

por G.Y.



El mercado editorial argentino sufrió una fuerte transformación en los últimos años, con el surgimiento de sellos independientes que no solo facilitaron la posibilidad de publicar para los autores, sino a los lectores a encontrar joyas perdidas. Sin embargo, para las editoriales más chicas la distribución sigue siendo un fuerte problema.

Para solucionar ese inconveniente, Hernán Brignardello, Paula Brecciaroli y Gustavo Gottfried –todos editores integrantes de La Coop- crearon el portal Nube de Letras (www.nubedeletras.com.ar). A través de este sitio web, lectores de todo el país van a poder comprar y recibir en su casa el catálogo de todos esos sellos que en las librerías locales resultan muy difíciles de encontrar. 

En ese sentido, cabe remarcar que sólo en la Ciudad de Buenos Aires existen más de 130 editoriales que pueden describirse como independientes o autogestivas. Si se extiende el muestreo a todo el país, incluyendo zonas densamente pobladas como el Gran Buenos Aires y ciudades del Interior, el número estimativo ronda los 500 sellos.

Si bien muchas editoriales lograron, hace ya varios años, disputar las vidrieras con los grandes grupos de siempre, existen una gran cantidad de sellos que transitan un camino alternativo y subterráneo, donde las ferias y los eventos como las lecturas y presentaciones son las únicas posibilidades de comercializar su catálogo.

“Con esto no queremos decir que hay que abandonar el hábito de recorrer y revisar librerías, porque va a ser imposible dejar se hacerlo para los amantes de los libros. Nube de Letras va a ser la solución para aquellos que no tienen tiempo o no pudieron hallar ese libro que tanto buscaban”, señaló Brignardello a La Primera Piedra. 

Sobre el uso de las nuevas herramientas en el ámbito editorial, remarcó: “Si Internet se usa bien, es un arma que puede potenciar todo el trabajo diario que muchas editoriales realizan. Nube de Letras aspira a ir por ese camino: facilitar las cosas para todos, sobre todo para los lectores”, afirmó uno de los creadores del portal web.

El sitio que aspira a ser una suerte de “Mercado Libre” de libros de editoriales independientes, estará operativo dentro de los próximos días y cuenta con el apoyo Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo del Ministerio de Cultura y promete agilizar algo que en la actualidad muchos reclaman: que cada libro encuentre lo más rápido posible a su lector, por fuera de las diferencias de tamaño y poderío económico de cada editorial. 

0 comentarios
Un expediente jurídico y un mito griego son materia de creación para el dramaturgo Sergio Blanco, Tebas Land nace del encuentro entre el dramaturgo y Martin Santos, un joven parricida.
Foto: Fabián Pol




Las rutas del underground de capital conducen a Tebas Land, una tierra de ficción enlazadora de mundos; o acaso un episodio teatral clandestino fabricado desde la tragedia. Esta pieza parte de un parricidio, se inspira en el mito de Edipo Rey, de Sófocles, en la vida del santo europeo San Martín (habitante del siglo IV) y en un expediente jurídico, cocreado desde la imaginación del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, a través del cual se narra la historia del joven parricida Martín Santos.

Bajo la dirección de Corina Fiorillo y con actuaciones de Gerardo Otero (izquierda) y Lautaro Perotti (derecha) esta obra va tomando forma a partir de los encuentros que irán sucediendo en la cancha de básquet de la prisión donde vive Martín, quien comenzará a recibir las visitas de un reconocido dramaturgo, que obsesionado con el tema de la muerte y el expediente de Santos decide ir a conocerlo para comenzar a escribir la historia detrás del asesinato, pero más allá de reconstruir las escenas del crimen, irá dándole vida escénica a los encuentros entre ambos. Momentos de tensión y alta fidelidad entre dos personajes solitarios que aprendieron a escucharse, a ser sinceros y a mostrarse reales, más allá de los miedos y los límites absurdos de la ley.

Con mucha sutileza se van tejiendo las conmovedoras escenas de Tebas Land. Mientras van aflorando ciertos detalles del contexto, y de las cosas imborrables detrás de lo vivido, cada nuevo escenario - diseñado desde el Universo del juego - irá encontrando la magia del doble ritmo, ese lenguaje auténtico que les da vida a los amantes del baloncesto. Como una telaraña, los relatos de lo narrado comenzaron a reunir personajes fantasmas para evocarlos a lo largo de la noche, como la sombra del padre asesinado y el recuerdo de una madre ausente - pero espiritualmente viva en el corazón del hijo. "Con mi mamá nos amábamos, yo creo que ella me quería más a mi que a mi papá", recuerda Martín, con su extraña voz de adolescente, en un memorable momento de iluminación en solitario.

Martín, que terminó preso de su libertad por dar rienda suelta a la rabia contenida de tantos años hacia su padre, irá experimentando una experiencia artística de verdadera sanación, saliendo de lo rutinario, desde el interior de una celda, para abrir viejos cajones de su memoria, abriéndose a compartir escenas de su pasado que a través de la ficción serán vitales para la construcción de su propia historia, y para el nacimiento de su nueva vida.

funciones |

* Tebas Land se presenta hasta el 17 de noviembre
Todos lo viernes a las 20h
en la Sala de Teatro de TIMBRE4
Dirección: México 3554 - CABA
Entradas disponibles a través de www.timbre4.com.
Localidades: $250
Facebook: Tebas Land
Duración: 100 minutos
0 comentarios
Foto de Camila Baron, Encuentro Nacional de Mujeres, Chaco 2017


El lapacho es la imagen de la furia


El color de los perros ahorcados
se confunde en el perfume del lapacho
desde el tren, el campo parece
santo de frente partida
contra el alambrado
- cuántos estigmas puede un cuerpo
cuántos cajones de fruta podrida
protegen los días de los culpables-
de púas que se doblan oxidadas
sobre las pasionarias, esperan
convertirse en lanzas
bajo una lluvia de meteoritos
que se anuncia para el final 
del verano;
de noche se apagan 
desvían los senderos los ciegos
doscientos gallitos azules
pululan tiran a gracia 
el maíz polvoriento sobre las crías
persiguen
la estela federal del tesoro prometido
lavando la sangre con los picos.
Las manos de las chicas aparecen 
entre las flores del lapacho 
desplumadas en la tierra,
debajo los ojos ni recuerdan
que las últimas estrellas
se parecían al canto astillado
de las sirenas manchando
los manteles tendidos en los patios,
lluvia de meteoritos
asteriscos rotos
el miedo es pestañeo del latido 
animal,
cruzaré las vías, cruzaré el día
si me tocan
si me tocan
si me queman
no somos corderos
no somos corderos
no seremos res adormecida
en el postre de los asesinos
si me tocan
si me tocan
si me queman
cuento mis costillas
mías,
si me tocan
si me tocan
si me queman
cuento mis costillas:
hay balas para todos.

Gabriela Clara Pignataro

...

La primera vez que un hombre me invitó a salir mamá me invitó a su cuarto
me sentó sobre la cama que olía a algo perdido
y me hizo trenzas
yo era fea y era chica mi pelo caía en cáscada sobre los hombros
no sabía nada de ser mujer
mamá me sentó frente al espejo y me hizo trenzas con las uñas
cortó las puntas florecidas hasta que formaron un charco
bajo los pies que me colgaban 
dijo ahora sí estás hermosa
como quién habla de un muerto
tomó un fósforo y lo prendió contra su piel
áspera del sol
me hizo tocar el fuego con las yemas hasta que dejó de dolerme
corrió la trenza de mi oído y suspiró
cuando la primera arruga aparezca hay que quemarnos vivas
para que los hombres no lo hagan por nosotras

mamá me parió de chica y tuvo otras once hijas
las primeras cinco las vomitó de madrugada
siete las arrancó de sus propias cutículas
las fermentó en frasquitos de cerveza vacía en fila india al final de la cocina
mamá no nos tuvo de la panza
nunca estaba embarazada porque su cuerpo no quería crecer
en un limbo eterno
ni florecido ni marchito
su estómago se encogía cuando sentía palpitar otro corazón
el suyo 
ya era tan chico que no cabía 
ahí
la última de nosotras se escapó sin ruido 
se perdió en el inodoro y nunca volvió
mamá dijo que era un bebé de agua
hecho con lágrimas y frío
y ahí se quizo quedar

mamá no puede crecer vive su belleza a través de mis brazos
siente el viento en mis poros
se ríe en mi boca cuando me invitan a salir
cuando los hombres tocan mi pelo
las puntas marchitas
escucha los ojos de miles de hombres que me miran y les contesta por mí
son sus palabras las que dicen gracias
es su boca la que se abre cuando recibo un beso
son sus labios los que ofrecen 
placer
mamá 
vive en mi cuerpo como una rosa en un florero
ya muerta pero todavía no marchita
disfrutando los últimos minutos de admiración hasta apagarse

mamá dice nuestro cuerpo es un templo y algunos hombres vienen a rezarnos y otros vienen a arrasar con todo
nuestro cuerpo como un altar dorado lleno de rosas
las de mamá están marchitas
cuando la primera arruga venga vamos a quemarnos antes de que los hombres nos encuentren porque
qué es una mujer joven más que su belleza
qué es una mujer vieja más que una bruja
a unas nos aman
a otras nos queman
Alma Alnoir

...


Ni Muy Trillado

No me enseñaron a quererme
me enseñaron lo que hay que hacer para ser querida
me enseñaron a ser objeto de placer de lo contrario una inútil
me enseñaron a ser deseada
a querer ser partida
me enseñaron a mostrar las piernas
me enseñaron que soy lo que disponga un grito de calle
me enseñaron que la bondad es decir que sí
que es un juego de minita decir que no
que soy la responsable de la voluntad del psicópata
me enseñaron a asumirme culpable de mi primera violación,
que mi trauma es la absolución de la segunda
el hostigamiento no es tanto si el niño es sufrido
el violador es menos violador si el niño ultrajado
que quizás un poco me guste el manoseo de tren
si la violación es colectiva es porque quiero fiesta
soy culpable del estado analfabeto
de la comicidad de algún funcionario virgen que no entiende
del vaciamiento corporal
culpable de la soledad estructural de mi alma
culpable de haber aprehendido la sumisión como respeto
culpable de la vergüenza
de pedir ayuda
quizás deseo sufrir
quizás me merezco el bife
algo habré hecho
la culpable soy yo la culpable soy yo la culpable soy yo
por creer que no va a pasar
nunca más que se va a disculpar
soy habitante de la falocracia
me enseñaron venderme al mejor postor
que por lo menos me pague el café
que me de un techo que invite la cena
que me coja
que me traslade
que me quiera seguir cogiendo
que me quiera solo para él
que me cele, que me grite, que me parta, que me encierre,
me prohíba me sacuda me mate
siempre por pasión.

Patricia González Lopez


Foto de Camila Baron, Encuentro Nacional de Mujeres, Chaco 2017


0 comentarios
por Ariel Fernández 



No cualquiera puede ser un poeta, y mucho menos un buen poeta. De alguna manera la poesía debe tener la cualidad de amalgamar palabras que de otra forma no se juntarían, y que el resultado final sea algo bello, pero también una fuente de incomodidad que tranquiliza.

En Agua (Viajero insomne 2015) Diego Ravenna nos muestra que es un poeta. Por un lado une palabras que  forman un cúmulo de sensibilidad adecuado, y por el otro, el libro nos incomoda, nos genera tristeza y nos empuja a seguir adelante.

Ravenna con delicadeza nos arrastra al recuerdo, a los duelos en forma de agua que cada lector sabrá acomodar al recipiente adecuado:”la infancia fue materia dócil/sobre la que el tiempo labró todas formas/posibles de una pérdida”. Es imposible no pensar en el agua que recorre nuestro cuerpo.

En esta obra la poesía fluye, corre libre y hace que Ravenna pinte un cuadro de la memoria donde la única manera de redimir el pasado es el recuerdo, es la poesía: “lo que hace falta hay/que imaginarlo”. 

Las preguntas alrededor de lo que pasa en el mundo sobrevuela la poesía de Diego y nos deja un sabor ácido que nos lleva a disfrutar de la falta de preguntas y, principalmente, de respuestas) sobre todo aquello que inevitablemente nunca podremos cambiar:”nunca entendí si el recuerdo/es una intensidad del olvido/ o si es dejar que el deseo se obstine/ en lo que ya no puede ser”.

El lector se pondrá frente a frente ante la lucha entre Eros y Tánatos, entre lo perdido y lo que se puede tener, será un espectador de lujo y hará sus apuestas, y muy a su pesar, creerá en la victoria de la muerte, sin embargo, Diego deja un hueco, un vacío para que el agua como el deseo fluya en forma de versos, y entonces descubrimos que mientras hay deseo hay vida, y la vida para ser mejor debe mutar en poesía, para sentirnos a salvo, al menos por un momento.
0 comentarios











sobre la autora |

Macarena Puelles, fotógrafa peruana nacida en 1993. 

"Se apropia de su cuerpo tomándose fotos, más si es desnuda. Tiene un talento especial para retratar sensaciones, capturar texturas y colores, tomar detalles del cuerpo - que muchas veces ignoramos- y convertirlas en imágenes bellas, llenas de significado". Adriana Chavez

links de contacto |




1 comentarios

Don Orione es un barrio ordenado, sus cuarenta monoblocks idénticos lo vuelven una isla  perfectamente simétrica al costado de la avenida Monteverde. Es extraño que los efectos que produce una isla sucedan aún en espacios continentales y carentes de agua, pero pasa y el barrio es muestra fiel de eso.
Los vecinos hacen su vida ahí dentro, salen a trabajar, claro, pero en general el barrio termina en sí mismo. Desde y en él confluyen los circuitos de comercio, de entretenimiento, de arte y de amor. Es sobre todo este último, casi siempre más triángulo que círculo, el que muestra con gran fidelidad la mayor característica del barrio, su especialidad, lo que de él genera aprensión a la vez que atracción en sus amantes y detractores -sus habitantes-: la violencia.
Seba es obrero en una maderera de Solano, tiene veintiuno y es devoto del Gauchito Gil como toda su familia, año a año peregrinan hacia la ciudad de Corrientes en donde éste santo pagano, mezcla de delincuente y mano santa, recibe ofrendas a cambio de favores: se le pide trabajo, protección para la familia, salud, etc.
La actitud de Seba cambió bastante desde que Gladys llegó al barrio, y eso no es todo, porque además este enero, el Gauchito Gil no aceptó la ofrenda familiar de caña con ruda, la tierra donde está el santuario no absorbió el chorro vertido a su salud. Mal presagio.
Gladys es una piba un poco más grande que él y está juntada con Rodrigo. De ellos se sabe lo justo y en este caso, como en casi todos en el barrio, lo necesario.
Necesario es saber que vienen del barrio de La Pepsi, que Rodrigo es un pibe que tiene la chispa, como dice Gladys, lo que en lenguaje conurbano quiere decir que, además de ser extrovertido, con la misma risa que baila cumbia, mata a quemarropa a una persona, de hecho, por eso se mudaron, Rodrigo discutió con un amigo y: palabra-va-palabra-viene-le-puso-el-arma-en-la-cara-y-según-él-se-disparó-sola.
Gladys le cree, pero como en La Pepsi nadie le iba a creer esa misma tarde se fueron al depto que tiene la tía de Gladys en el barrio.
Por la devoción al Gauchito, inmediatamente hicieron amistad con la familia de Seba. La chispa de Rodrigo, junto con la amabilidad y habilidad del papá de Seba para tomar cantidades industriales de vino sin perder el hilo de la conversación —habilidad compartida— produjeron algunas horas del asado del domingo en las que Gladys y Seba charlaban masomenos a solas.
Tenían muchas cosas en común, a los dos les gustaba la tranquilidad, ninguno tomaba alcohol así que elegían el mate en la sobremesa, los dos preferían el silencio, mirar el sol irse, Aventura.
—¿Ves amor? Así te tenes que vestir vos.
Decía Gladys a su novio refiriéndose al cantante de ese grupo. Seba sabía que ese reclamo era, en el fondo, su forma de decirle cuánto le gustaba su onda, ya que él mismo se vestía a lo Romeo Santos.
El primer domingo que pasaron juntos, Seba le mostró cómo se ponía el sol si se lo miraba desde la avenida Monteverde. Como la avenida baja toda la especie de loma que es el partido de Florencio Varela —el barrio está a la misma altura, sobre el nivel del mar, que la punta del obelisco— el sol, visto a las siete de la tarde en verano, es una pelota de fuego gigante que rueda avenida abajo, hasta hundirse definitivamente apenas pasa la cancha del Deportivo Claypole.
Esa vez ninguno dijo nada, pero los dos sintieron que ver sumergirse el sol fue el vaticinio de algo tan grande como la oscuridad que ese irse provocaba y les encantó, lo hicieron ritual.
El mismo ocho de enero que el Gauchito no consumió la caña que se le había ofrendado, Seba le pidió una moto, en febrero se compró una Gillera 110 y el padre temió que aquel desprecio del santo tuviera que ver con un accidente. Ya los hechos le harían ver que la realidad es más compleja de lo que nos viene primero a la cabeza. Los componentes pueden ser los mismos, pero el orden de los factores siempre altera el producto; y el producto se vuelve factor y se pone en relación con otros factores y… en fin, vería que se equivocaba.
Un domingo de abril, el sol empezó a irse más temprano, la calle estaba desierta por el frío; el olor a pasto húmedo los envolvía, el sol no parecía la pelota del verano sino un perro mediano de fuego que a un determinado horario se va al patio a velar el sueño de sus amos, cuidando la casa durante la noche. Cuando la luna se impuso finalmente con su olor a tréboles, Gladys le agarró la mano y, mirándose en silencio, supieron que habían nacido el uno para el otro, que se cruzaron a destiempo pero que iban a arreglar ese desajuste. Se dijeron que Rodrigo tenía que morir, era la única forma de lidiar con un asesino cuando se  pretende contradecirlo enamorándose de algo que él cree suyo.
Dijeron que tenían que ser pacientes y decirlo era confirmar que tenían que estar juntos, incluso ante un asesinato los dos preferían la calma.
Sin embargo ese tiempo desfasado que les había jugado una mala pasada, al día siguiente les regalaría una porción de su cuerpo para que ambos sean plenamente felices.
Rodrigo cayó preso en ocasión de robo. Gladys citó a Seba urgente a su casa.
Cuando llegó le escupió la noticia y ambos visitaron muchos estados en un fragmento corto de tiempo, fue como subir un ascensor, o mejor, un funicular que estuviese ubicado en medio de una ciudad hecha toda de vidrio, donde ambos pudiesen ver las cientos de miles de realidades simultáneas a medida que iban subiendo. Pero en este caso, ellos eran la ciudad y lo que pasaba en simultáneo eran sus sensaciones, el funicular, lo que subía, era una certeza, la posibilidad única: lo que subía era el sexo; y el sexo era clandestinidad y la clandestinidad era un estado que, como la luna o la posibilidad de la muerte de Rodrigo a manos suyas —o viceversa— los terminaba de unir.
Entonces:
—Rodri cayó en cana.
—¡¿Qué?! ¿Cómo?
—Robando, todavía no sé qué le encontraron, o si mató a alguien, pero me llamó desde la cuarta de Solano.
—Qué cagada, vamos.
—Para… ¿Qué vamos a hacer?
—¿Con qué?
—Con el plan.
—No podemos matarlo en cana…
—Pensé que el Gauchito nos regaló una oportunidad de irnos a la mierda.
—Nos va a encontrar apenas salga. O matar a toda mi familia, vos sabes que está loco, no sabe perder.
—¿Entonces?
—Lo ayudamos, le llevamos cigarrillos, lo atendemos piola, todo muy normal, mientras nosotros…
—Nosotros ¿qué?
Aunque se acercaron tanteando el aire como si buscaran la llave de la luz de un rancho en la más cerrada de las noches, esa tarde hicieron el amor con toda la sed que era posible en dos cuerpos humanos. Después se ducharon y en un satisfecho silencio fueron a ver a Rodrigo.
No era tan grave, pudo descartar el arma antes que lo agarraran, solo le encontraron porro y una rodaja de cocaína. Pasaría unos quince días adentro nomás.
Seba pidió las vacaciones en el trabajo y esos días se los pasaron teniendo sexo desde la primera mañana hasta las cinco de la tarde, hora en la que se bañaban e iban a visitar a Rodrigo.
Eran felices viendo a la criatura que tanto miedo les produce alegrarse con su visita, aconsejándoles que se tranquilizaran, que él estaba bien. Decía: miren las ojeras que tienen, descansen que yo acá estoy piola, les van a hacer mal los nervios.
Seba se reía —por dentro— pensando en lo genial que sería decirle que era un salame, que las ojeras eran por la cantidad de polvos —múltiples en el caso de Gladys, largos en su caso— que se echaban y ofrendaban a la memoria del Sol, del Tiempo y del Gauchito Gil.
Pero prefería callar y, con la cara de preocupación responsable que lo caracteriza, mirar fijamente a Rodrigo que contaba a los gritos cómo tenía a todos de gato en la taquería.
Como todo lo bueno, también el tiempo sobre la tierra pasa y sus quince días no eran la excepción. Rodrigo volvió al barrio y era, para ellos y para todos, más insoportable que nunca.
De la misma forma que los jóvenes pequeñoburgueses después de un viaje a Europa, también los lumpen del sur del conurbano se vuelven monotemáticos después de una estadía masomenos feliz en cana. No paran de hablar de mini hazañas, de nuevas relaciones, de historias que escucharon, de nuevos negocios, del progreso que les esperaba después de la enriquecedora experiencia.
Era hora de pronunciarse o callar para siempre y los enamorados no hacen silencio, porque habían garchado demasiado como para callar, sabían que ya no eran hombre ni mujer, porque si no mataban no había un nosotros posible y entonces sí, el sexo verdadero es la muerte, como dice Osvaldo Lamborghini, y ellos dos lo son y Rodrigo también lo es, él tenía que terminar para que ellos pudieran ser.
Ahora bien, una cosa es fantasear con matar a una bestia y otra muy distinta es sentir que la tierra por sinestesia suena en cada paso del animal, otra cosa es que ese animal tenga ojos en lugar de círculos, dientes en lugar de conos, olor, baba: otra cosa es la realidad.
Lo insoportable de Rodrigo impregnó todas las cosas de olor a peligro, después de estar preso ya no le importa nada, se la pasa diciendo que está re jugado ¿qué hacer?. Para matarlo hay que meterse en la jaula, y meterse en la jaula es ser también un animal y oler de cerca al animal más feroz del conurbano. Entonces no, toca seguir otro camino.
Seba estuvo tres días seguidos sin ir a la casa de Gladys, sin responder mensajes ni atender llamadas, ella se empezó a preocupar y Rodrigo por su parte, como buen merquero, empezó a sospechar: Seba lo vio todos los días mientras estuvo en la cárcel, llegaba con Gladys todas las tardes, lo que quiere decir que a quien veía todos los días era a ella. Las sospechas, junto con la cocaína lo pusieron nervioso.
—¡Decime la verdad hija de puta!
Dijo al tiempo que le dio vuelta la cara de un cachetazo. Gladys no entendía mucho e imaginaba lo peor, que Rodrigo le hizo algo a Seba, que se les adelantó y descubrió el plan, que lo había terminado antes de que empezara.
—¡No sé de qué me hablas boludo!
Volvió a pegarle y sacó del bolsillo el teléfono al mismo tiempo que el arma. Llamó a Seba, que contestó al primer tono, había estado esperando esa llamada toda la vida.
—Qué hacés Romeo Santos.
Dijo, sarcástico Rodrigo, el otro, seguro, respondió:
—Escuchame una cosita forro, si tanto te da la sangre, vení al pasaje Gilguero y vamos a batir fierro, vos y yo, mi cuatro y medio y tu nueve, a ver si tenes huevos, el que queda en pié, se queda con la Gladys.
Por primera vez en su vida se calló. Sintió en el alma un encargo de verdugo medieval, no quería solamente que muera, quería exprimirlo, en todo el cuerpo le pesaba la ambigüedad que siente quien después de no comer durante todo un día, se sienta frente a su postre preferido, quería matar a Seba combinando la fuerza de un toro con la elegancia y el sadismo de un gato, de modo que presencie su propia muerte hasta el último detalle.
Agarró un bisturí, un encendedor, cargó la nueve milímetros y salió.
Cuando llegó a Gilguero, una encrucijada formada por cuatro monoblocks, uno de los cuales ocupaban Rodrigo y Gladys, Seba lo esperaba. Avanzó hasta que quedaron a cinco metros de distancia respectivamente, ambos armados y apretando los dientes, Seba no había disparado nunca, Rodrigo lo sabía y por eso esperaba. Era poco probable que lo lastimara un principiante, apenas Seba levante el arma, él se iba a adelantar. Pero no pasó.
Seba dejó caer el arma al piso, el otro se empezó a reír, gritó mirando al balcón en donde Gladys lloraba.
—¿Con este muñeco? Se le cayó el fierro del miedo y con este te pensabas que me ibas a cagar a mí ¿A mí?
Cuando volvió la vista al lugar donde estaba su enemigo, encontró al papá de Seba junto con el padre del pibe que había matado en La Pepsi. Se hizo de hielo. Levantó el arma y sintió ruidos detrás suyo y a los lados, miró y por los cuatro caminos estaban los amigos del muerto que debía. En total eran ocho armas apuntándolo.
—Sos pollo.
Dijo Seba y todos abrieron fuego al mismo tiempo. Rodrigo quedó parado muerto durante unos segundos por las fuerzas contrarias de las balas, hasta que cayó y todos desaparecieron; Gladys y Seba quedaron mirándose, serios y felices, mientras que en ese momento, que no es más que el coito eterno entre el tiempo y el espacio, en Corrientes se terminaba de consumir el cigarro y el chorro de caña que Seba dejó en el suelo del santuario para la salud del Gauchito Gil.

Sobre el autor |
Matias Ávalos, (Buenos Aires, 1989). Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y Dramaturgia en La SEDE, espacio de investigación  escénica de esa misma ciudad. En el año 2013 escribe y monta su primer obra dramática Pibitos Furiosos. Al siguiente año incursiona en la poesía publicando una serie de fanzines Todos Juntos Estamos Solos y Él amor, Él terrorismo ruso. Actualmente vive y trabaja en la ciudad de Valparaíso, donde termina de corregir su primer libro de cuentos Todo lo que queda.